La Paz de Dios

En la liturgia de ayer, un versículo de la segunda lectura me atrapó y me llevó a recordar mi Retiro Kerigmatico hace más de 35 años…

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (4,6-9):

“No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta. Todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, ponedlo por obra y el Dios de la paz estará con vosotros.”

Recordaba que cuando viví la experiencia del Retiro de Evangelización, mi vida funcionaba perfectamente (creía yo) y en un Pastoreo me preguntaron que pediría al Señor en la Liturgia de Consagración y respondí que no sabía que pedir. La persona que dirigía el Pastoreo, me dijo: “¿Acaso no necesitas Paz?” y esa fue la palabra que inició mi sanación.  El Señor Jesús me regaló esa Paz que traspasa todo entendimiento y es la Paz que me ha acompañado durante todos estos años.

Ciertamente, la Paz que traspasa toda inteligencia viene de Dios,  pues no es fruto de la razón ni del intelecto, ni del conocimiento…

Es fruto del abandono en los brazos amorosos de Aquel que me amó primero,
Es fruto de confiar en la “piedra que desecharon los arquitectos: Jesús el Cristo”
Es consecuencia de esperar contra toda esperanza,
Es fruto de una relación cercana con el Dador de la Paz,
Es vivir sin que nada ni nadie me quite la Paz, pues cada vez que permitimos que cosa alguna nos quite la Paz, le damos el lugar que corresponde a Dios, única fuente Paz auténtica.

Vivimos inquietos por muchas cosas que nos limitan y nos quitan la Paz.

Pensamos que si logramos tener mayores ingresos tendremos Paz y nos envolvemos en el pluriempleo que nos lleva de un lado a otro y es así, que no tenemos Paz.

Pensamos que si la enfermedad no estuviera presente en nuestra vida o en algún familiar, podríamos tener paz, pero antes de esa situación concreta, tampoco teníamos Paz.

Conocemos personas que entienden que obtendrán la Paz cuando alcancen algunos objetivos que se han trazado: éxito profesional, una pareja, una nueva casa, que los hijos hayan crecido, alcanzar bienes materiales, lograr conquistas sentimentales, en fin, ponemos nuestro corazón en cada cosa fuera de Dios y no encontramos la ansiada Paz.

Pero esa Paz que traspasa todo entendimiento, solo se puede encontrar en Dios y en una relación personal con Jesús a través del Espíritu Santo.  Cuando logramos darle a Dios el poder sobre nuestra vida y presentamos a Él todas nuestras necesidades y peticiones, como dice la lectura bíblica, nuestro corazón valora todo bien recibido como Gracia y agradece todo lo que recibe, alcanzando la libertad y el desapego que nos conducen a la Paz.

Que el Señor nos regale su Paz para compartirla en el mundo y “el Dios de la paz estará con nosotros.” 

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