Fuerza Interior a Través de la oración y el Silencio

La vida moderna nos somete a ruidos excesivos. En ocasiones, nosotros mismos elegimos por compañía algunos de esos ruidos: el sonido de la música del playlist o el comentarista de noticias en la TV o el radio, pero lo cierto es que a veces nos atemoriza estar en silencio, y perdemos el beneficio que significa para nuestra fuerza interior el desarrollo de nuestra capacidad de hacer silencio.

Esa incapacidad del hombre para ejercitar la paciencia y estar en silencio para esperar un turno en una fila es superior a muchos de los males que afectan la vida moderna. No es tan grave la prisa sin control y la multiplicidad de actividades ejecutadas al mismo tiempo, sino el nivel de impaciencia y de inmediatez que experimenta el ser humano hoy.

En materia de neurología, existen estudios que revelan que dos horas de silencio al día provocan el desarrollo celular en el hipocampo, la región cerebral relacionada con la formación de memoria con la participación de los sentidos.  De manera que hacer silencio no solo beneficia nuestro interior, sino que también es un beneficio para la salud mental.

Como cristianos debemos buscar en el silencio el espacio para estar a solas con Dios, tal como nos enseñó Jesús, ya que a través del encuentro con Dios en el silencio interior, se hace fuerte el espíritu y capaz de afrontar cualquier adversidad. No importa en el contexto ruidoso que nos encontremos, siempre podremos conectar con nuestro interior y hacer “silencio”… “vivir en el mundo, pero sin ser del mundo”.

“Dios está en el interior del hombre antes que en el desierto, antes que en la soledad y el silencio.  El auténtico silencio esta en nuestro interior, en nuestra alma”.- (Cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto divino y la disciplina de los Sacramentos).

Por eso se hace necesario tener ese encuentro diario con Dios en el silencio.  Ubicando nuestra “Tienda del Encuentro”, lugar en el que tendremos nuestra oración diaria, ya sea en nuestra casa o en una capilla o lugar que nos permita tener esa intimidad necesaria o que simplemente nos marque el espacio psicológico para la oración.

Pero no nos confiemos, hemos de buscar ese espacio de encuentro o de silencio, pero muchas veces el ruido es interior y son nuestros propios pensamientos que no nos permiten hacer silencio. “la loca de la casa” llamaría Santa Teresa de Jesús a la imaginación que intermitentemente nos trae los pensamientos que interrumpen nuestra oración.

Para esa necesidad de silencio interior y los pensamientos que lo impiden, Teresa Valentí Battle, religiosa española de las Misioneras de Cristo Jesús que estuvo en la Parroquia Universitaria Santísima Trinidad me decía “incorpora esos pensamientos a la oración, no luches con ellos, están ahí porque te preocupan, preséntalos en la oración y continua el silencio”.

Quiero orar y amar esa oración que saca lo mejor de mí para llegar a ser la mejor versión de mí mismo, ya que puedo ser mucho mejor. Puedo ser más generoso, más fiel, más bueno, más alegre. Puedo ser mucho más. No me basta lo que ahora vivo. Un corazón más grande que contenga el don de Dios. Su presencia salvadora. Su amor inmenso y desde ese corazón grande llegar a la fuerza interior a través de la cual “nada ni nadie me podrá apartar del amor de Dios en Cristo Jesus”.

 

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