María de la Navidad

“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

Realmente es tremendo contemplar el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y ver como el plan de Dios estaba pendiente del “Si” de una joven Virgen de Nazaret y es que no podemos fijar nuestros ojos en la Encarnación sin contemplar a la Madre de Dios.

María Santísima vivió a plenitud el primer Adviento, en donde tuvo a Jesús dentro de sí misma esperando su nacimiento y mientras llegaba, ella se prepara para ese gran acontecimiento y nos da pautas a los cristianos, para vivir el tiempo litúrgico del Adviento a través de sus virtudes y sus gestos.

  • La fe de María, que indaga y acepta dócilmente los designios de Dios. Ya le dirá su prima Isabel “bendita tu que has creído”.
  • La humildad, “He aquí la esclava del Señor” es una profunda confesión de humildad y obediencia.
  • La disponibilidad a la voluntad de Dios: “Hágase en mí según tu palabra”.
  • El servicio, una vez que se entera que Isabel su pariente de edad avanzada, está encinta de seis meses, María acude a ayudarle durante esos últimos meses del embarazo y antes del nacimiento de Juan el bautista.
  • La alegría plena se expresa con la voz de María en la oración que el Evangelio de Lucas nos ha transmitido “el Magnificat”.
  • La alabanza agradecida al saber que Dios puso sus ojos en ella y reconociendo que El, obra cosas grandes a través de las personas humildes, desconocidas para el mundo.
  • La esperanza en la venida del Mesías y en que todas las promesas de Dios se cumplirán.
  • El silencio, guardando en su corazón todo aquello que su limitada naturaleza humana no alcanzaba a entender sobre la grandeza de su Salvador.

María Santísima nos enseña a esperar, pero la espera de ella no es pasiva, vemos su espera activa: visitando a Isabel, trabajando en su casa, acudiendo al llamado del censo para cumplir con lo establecido por los gobernantes de la época y en ese proceso nace Jesús, el Emmanuel.

Quiero como María, esperar a Jesús con un corazón dispuesto a decir que “Si” a Dios en mi vida y colaborar a la realización de tantos proyectos de salvación que no se ejecutan por falta de mi aceptación de la voluntad de Dios.

Quiero aprender de María su disponibilidad al servicio y a la alegre entrega a los demás, convirtiéndome en signo de esperanza para el mundo.

Quiero encaminarme como María para anunciar el Evangelio de Jesús llevando salvación y liberación a tantas personas oprimidas por el pecado y por las estructuras de pecado.

Quiero ser como María contemplativa que sabe “guardar y meditar en su corazón” el misterio de Dios encarnado en Jesús para transmitirlo como experiencia viva anunciando con humildad la victoria final del amor.

¡Quiero que sea Navidad en mi vida y en el mundo!

¡Ven Señor Jesús!

¡Maranatha!

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