Un crisitano coherente

Quienes comparten su cotidianidad con nosotros, los cristianos, esperan que nuestro comportamiento en la vida diaria, sea fruto de los principios contenidos en el Evangelio que decimos haber aceptado, es decir, se espera que los cristianos, quienes hemos experimentado el amor del Padre, que hemos aceptado a Jesús como Salvador y Señor y que vivimos el día a día con la gracia del Espíritu Santo, demos testimonio de la razón de nuestra fe, en cualquier lugar y circunstancia.

Estas expectativas no son cumplidas en muchos casos y escuchamos personas que dicen, yo no creo en ninguna religión porque tal o cual persona ha tenido un comportamiento no coherente con lo que predica dentro de su religión. ¡Qué pena!  La verdad es que lo propio en la vida cristiana es que actuemos en nuestras actividades y responsabilidades habituales, tal como Cristo nos enseñó con su vida y nos dejó como legado en su Palabra.

Debemos estar atentos, porque la naturaleza del “hombre viejo” que habita en nosotros, puede traicionarnos en cualquier momento. El Papa Francisco en su visita reciente a Chile, propuso a los jóvenes, una contraseña de vida para que la guardaran en su corazón: “tomada de una pregunta que con frecuencia se hacía el conocido santo chileno, San Alberto Hurtado: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”.  En la escuela, en la universidad, en la calle, en casa, entre amigos, en el trabajo; frente al que le hacen bullying: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”.  Cuando salen a bailar, cuando están haciendo deportes o van al estadio: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?” (Mensaje publicado en https://www.aciprensa.com).

Si en cada momento de nuestro día habitual, antes de tomar cualquier decisión, antes de expresar lo que estamos pensando, antes de permitir que el espíritu del mal se manifieste en nuestras vidas, nos hiciéramos esta pregunta: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”, es posible que nuestro actuar llegara a parecerse más al testimonio que el mundo espera de los cristianos.

Debemos estar atentos porque la incoherencia de los cristianos, decir una cosa y hacer otra, es una de las armas más poderosas que tiene el espíritu del mal para atacar a la Iglesia y alejar al Pueblo de Dios de su relación con el Señor.  Debemos estar atentos porque muchas veces no nos damos cuenta de las personas que están mirando nuestro comportamiento o están pendientes de nuestro testimonio y su debilidad en el camino de la fe, pudiera llevarles al desaliento ante cualquier comportamiento incoherente de nuestra parte y “somos guardianes de la fe de nuestros hermanos” (Génesis 4:9).

Hoy es buen momento para revisar frente al Señor, nuestro estilo de vida o detenernos a pensar cuantas veces escandalizo con mi comportamiento. Me atrevo a sugerirte que si hace tiempo no tomas la Biblia en tus manos, dispongas un espacio (tiempo y lugar) para volver a leer los Evangelios y seria buen ejercicio tomar nota de los pasajes, parábolas y mensajes que aplican al momento actual que estás viviendo.  Confrontemos nuestra vida con la Palabra de Dios y estemos atentos a la presencia del Señor en nosotros para que nuestro testimonio sea coherente con las enseñanzas de Jesús, nuestro Señor.

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