Una Familia Sana

En República Dominicana desde el año 1971, Noviembre es el mes dedicado, de manera especial, a pensar en la familia, sobre todo en su propósito como formadora de personas, educadora en la fe y promotora del desarrollo integral de todos sus miembros.

En este sentido, durante el mes de Noviembre, se escuchan o se ven programas con invitados que disertan sobre temas relacionados con la familia, o se publican artículos que se refieren al ente primario de la sociedad, en estas participaciones normalmente se presenta el “debe ser” dentro del marco de la familia perfecta que todos desean tener.

Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Familia “es el elemento natural, universal y fundamental de la sociedad” y efectivamente, es la Familia el primer espacio de “humanización” de la persona y de la sociedad, es la cuna de la vida y del amor y es el prototipo de toda organización social.

Hay personas que han tenido la suerte de nacer y crecer en el seno de una familia, como es mi caso. Y es seguro que conocemos muchas familias en las que ha primado el interés y cuidado hacia sus miembros. Pues ¿Qué sería de la mujer embarazada sin el apoyo de su esposo o en su defecto, sin el apoyo de alguien cercano? ¿Qué sería de un recién nacido sin el afecto y la atención de sus padres? ¿Qué sería de un adulto mayor que cada día va perdiendo las fuerzas para valerse por sí mismo, sin el cariño de sus hijos y nietos? De la misma forma, ¿Qué sería de una persona viviendo con una enfermedad, sí en su lecho no tiene a alguien que le haga compañía y le atienda? Definitivamente en todas las etapas de su vida, el ser humano necesita del amor, la cercanía y el cuidado de sus semejantes.

Pero no se puede perder de vista que al pasar el tiempo y durante cada etapa de la vida familiar el comportamiento, el nivel de cercanía y el apoyo de sus miembros va cambiando, pues en la medida en que los hijos van creciendo, ganando independencia y construyendo sus vidas al lado de nuevos integrantes unas veces y otras veces, construyendo su futuro lejos del núcleo familiar, las relaciones se tornan más complejas.

Aún en tan diversas circunstancias de separación o lejanía, lo más importante es mantener el sentido de pertenencia y vinculación con el ente familiar, pues los amigos, compañeros y conocidos nunca podrán sustituir la disponibilidad, la protección y el apoyo de la familia.  Es por eso que se hace necesario, construir desde la infancia, los puentes que ayuden a unir lazos de amor para edificar la relación familiar y permanecer atentos a los engaños que se presentan en la vida del hombre cada día: la autosuficiencia que lleva a pensar que no se necesita de nadie y que solo, se puede subsistir; el delirio de poder y grandeza que muchas veces puede llevar al menosprecio de las propias raíces; la conciencia individualista que conduce al egoísmo tornando personas indiferentes a los demás e incapaces de compartir lo que son y tienen.

Tener una Familia Sana no necesariamente es sinónimo de ausencia de problemas o conflictos, es aquella familia que se fundamenta en el amor y el respeto de sus miembros, quienes en ocasiones pudieran no estar de acuerdo pero por encima de las diferencias se disponen a comprender al otro y a respetar su decisión.

Una Familia Sana es capaz de restablecer la dignidad cuando uno de sus integrantes la ha perdido, en ella es posible reconstruir el afecto a través de la comprensión, luego de cualquier distanciamiento o mal entendido, está dispuesta a tomar distancia y dedicar tiempo a la reflexión antes de actuar o tomar decisiones que vayan en detrimento de la armonía familiar.

En una Familia Sana sus miembros siempre podrán expresarse con libertad, teniendo en cuenta los sentimientos de los demás, primando la honestidad y transparencia, controlando la intensidad de las emociones como la ira o el enfado, manteniendo la cordura y midiendo las consecuencias de los propios actos.

¡Que la familia de Nazaret, formada por Jesús, María y José, sea el modelo a seguir ante todas las situaciones que puedan presentarse como familia, aprendiendo con ellos a celebrar, a esperar, a perdonar y sobre todo a guardar en el corazón todo aquello que no se alcance a entender, confiando en el amor incondicional de Dios y con su amor, amar a los demás!

2 comentarios sobre “Una Familia Sana

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