Para Guardar en el Corazón

La educación que damos a nuestros hijos al interior de la familia tiene como objetivo sentar las bases para el desarrollo de todas sus dimensiones (física, intelectual, religiosa, cultural, familiar, profesional, social) que le permitirán ejercer los roles que le correspondan en la vida de acuerdo con sus intereses, pero, sobre todo, la educación será de utilidad en el cumplimiento de sus deberes fundamentales y en el ejercicio de sus derechos inalienables.  Es por eso que los padres debemos dedicar tiempo al diálogo, a la enseñanza y al ejemplo, sin cansarnos, de manera sistemática y oportuna.

Entendido el corazón como el asiento de las actitudes, emociones e inteligencia y como referencia a los pensamientos, sentimientos e intelecto en general, esas enseñanzas quedarán en sus corazones, y en el momento preciso, serán los valores recibidos en la familia, que protegerán a nuestros hijos de los peligros de la calle, del vandalismo y de los vicios, y les ayudarán a motivarse en el estudio y en el comportamiento ético en el trabajo.  

Hijo mío, no te olvides de mis advertencias, que tu corazón sepa guardar mis mandamientos. Ellos prolongarán tus días, te darán la prosperidad, años de vida.

Proverbios 3, 1-2

Podemos encontrarnos con Padres (Papá y/o Mamá) que llegan a creer que los hijos son una extensión de sus vidas, la continuación de sus apellidos, la réplica de sus personalidades. En cambio, otros desean que sus hijos sean lo que nunca pudieron ser, alcancen lo que no pudieron alcanzar, logren los sueños que nunca lograron ellos, cualquiera que sea el caso, nuestros hijos han de vivir su vida, pues cada uno desea vivir sus propias experiencias y construir a partir de ellas, como padres nos corresponde inculcar los valores que serán cimiente oportuna. A continuación, reflexionamos sobre algunos valores de gran importancia para el desarrollo individual y de la sociedad, a nuestros hijos le diremos:

  • Se tú mismo, actúa con libertad y prudencia, de acuerdo con tus valores, criterios y principios.
  • Ama auténtica y dignamente, sin fingir afecto ni regatear amor.  No edifiques tu vida sobre nadie ni dependiendo de otra persona.
  • Respeta a los demás, sabiendo que todos somos creatura única e irrepetible, salida de las manos de Dios, aprende a escuchar a todos, incluso a quienes piensan diferente.
  • Practica la justicia coherentemente y en todos los ámbitos, fomentando la integración de los más vulnerables en la consecución de la equidad en la sociedad.
  • Invierte tiempo para construir la paz en medio de los ruidos y conflictos de la vida, primero con Dios, dentro de tu alma y en los entornos en donde te desenvuelvas.
  • Edifica tus relaciones en la honestidad expresando la verdad de manera serena, clara y asertiva, sin manipulaciones ni engaños, sin traiciones.
  • Asume las consecuencias de los propios actos de manera responsable, evalúa tus decisiones y acciones objetivamente y da la cara a los compromisos que contraigas.
  • Que la lealtad sea estandarte de tu vida, honrando tus promesas de fidelidad y permanencia al lado de quienes te aman en las “buenas” y es las “no tan buenas”.
  • Descubre la gratitud como elemento importante para una vida plena y feliz, disfrutando los regalos que recibimos y afrontando los desafíos que nos ayudarán al crecimiento personal y espiritual. “Todo es don, es gracia”.
  • Vive en humildad, reconociendo las propias limitaciones, valorando los logros personales y celebrando el éxito de los demás con un corazón abierto.

 Hijo/Hija cada día le hablo a Dios de ti y pongo nuestras vidas en sus manos.  Desde que llegaste al mundo hasta el día de hoy, muchas cosas han cambiado en mí, he tenido que replantearme muchas de mis creencias y he trabajado para ser mejor persona para ti, eres el mejor regalo que he podido anhelar, por eso quiero que seas lo que quieras ser, mientras seas feliz y no hagas daño a otros, sueña en grande, no te límites y alcanza tus sueños, siempre podrás contar conmigo.

Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.

Madre Teresa de Calcuta

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