La Eucaristía

Reconocer a Dios como único creador, salvador y señor y manifestarlo externamente es la razón de ser del culto celebrado en los templos religiosos.  El sacrificio, el altar, el templo y sus servidores tienen, sin duda, un papel importante en cuanto al modo y lugar de rendir culto a Dios, pero Jesús nos dice: “Crean, que la hora viene, cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Jn 4, 21-23).

A partir del día 13 de marzo se prohibió el acceso a los templos parroquiales y no parroquiales de la Iglesia católica y a cualquier tipo de edificios relacionados con el culto en general, de manera que llegó la hora de adorar desde cualquier monte, desde cualquier casa, desde cualquier hogar; desde el lugar en el que nos encontremos hemos podido participar de las celebraciones litúrgicas, ya que los sacerdotes se han hecho expertos o se han dejado ayudar, para hacer uso de los recursos tecnológicos y mantener vivo en nosotros ese espíritu de adoración al Dios y Señor de todo y de todos. ¡Nuestro agradecimiento!

En estos tiempos de Cuarentena por el Covid-19 hemos entrado en un desierto personal con la indicación de ¡Quédate en casa! y ha sido de mucha ayuda el poder contar con las celebraciones a diferentes horas y desde diferentes ámbitos, pero ¡como arde el corazón por el encuentro sacramental con el Señor!

En mi experiencia personal de vida cristiana, la Eucaristía tiene un lugar privilegiado desde el momento en que recibí la Comunión por primera vez un día 8 de septiembre y durante mi niñez y adolescencia fue mi escudo y baluarte.  Hoy al comulgar espiritualmente en las celebraciones online, recuerdo los 10 años en los que me vi privada de comulgar, en cada Misa durante ese tiempo, luego que el sacerdote dijera las palabras: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa…” yo me sentaba a llorar mi deseo de recibir el Cuerpo del Señor.

Mas adelante en mi vida de fe, fue la Eucaristía el bálsamo que me ayudó a sanar mis heridas y me dio la fuerza para perdonar y liberar mi corazón de rencores y resentimientos.  En ese tiempo mi confesor me mandó a comulgar diariamente, sin importar como se sintiera mi corazón en esos momentos fui a Misa a diario. Esa experiencia de saber que Jesús se hacía uno conmigo y asumía mi dolor para ayudarme a sanar me marcó profundamente y dejó en mi ese anhelo del encuentro diario que muchas veces no ha sido posible a través de la comunión sacramental pero que si ha sido real a través de recibir al Señor espiritualmente.

Ya vamos casi a un mes de no poder encontrarnos en la celebración eucarística físicamente y cada vez que hacemos la Comunión espiritual pienso en cómo será ese día cuando volvamos a encontramos con el Señor en la Eucaristía celebrada con los fieles presentes. 

La Eucaristía fue instituida por Jesús el Jueves Santo y recordamos esa entrega de Jesús que ninguno de sus discípulos ni nosotros merecía y sin embargo El quiso entregar su vida, nos regala todo lo que El es, ese es el camino de liberación que El nos enseña: la unidad, la comunión como hermanos, la entrega de la vida que se da, el mandamiento del amor, la comunidad y el servicio.

Les dejo las letras de esta canción de comunión que se parece mucho a lo que vivimos en estos días de cuarentena, el desierto, la sed del Señor y su amor que nos mantiene unidos.

No podemos caminar
con hambre bajo el sol.
Danos siempre el mismo pan:
tu Cuerpo y Sangre, Señor.


Comamos todos de este pan,
El Pan de la unidad.
En un Cuerpo nos unió el Señor
Por medio del amor.

Señor, yo tengo sed de Ti,
Sediento estoy de Dios;
Pero pronto llegaré a ver
El rostro del Señor.

Por el desierto el pueblo va
Cantando su dolor;
En la noche brillará la luz,
Nos guía la verdad.

3 comentarios sobre “La Eucaristía

  1. Así será Hermana, cuando volvamos a recibir sacramentalmente el Cuerpo y la Sangre de Jesús, será una renovación de nuestra primera comunión y celebraremos con Jesús, nuestro amigo, como en las Bodas de Canaa

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  2. Cuando era muy niña, mi mamá viajó a US por primera vez, anhelaba en mi corazón ver su regreso, abrazarla y sentir su amor y mi corazón de niña se calmó y colmó. Ahora con más intensidad aunque con corazón de niña espero el regreso de Jesús Eucaristía todos los días de mi vida mientras en espíritu lo recibo y agradezco cada día.

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