La Paz les Dejo

“La paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da.
No se turbe su corazón ni tenga miedo” (Juan 14:27).

Me llama la atención en este versículo de la Palabra de Dios la idea de que la paz es gratis, el Señor nos da Su paz, nos deja Su paz, no se alcanza por mérito propio, no requiere de nuestra parte ningún esfuerzo ni sacrificio, solo nos pide apertura de corazón y confianza en que sus promesas han de cumplirse en nuestras vidas.  El Señor nos regala Su paz, esa que mantiene nuestros corazones ausentes de miedo y turbación, Jesús nos da la paz que el mundo no tiene ni comprende y hasta es posible que, al ver nuestro apacible comportamiento ante una situación difícil, alguno cuestione nuestra tranquilidad, nuestra confianza, nuestra paz.

Es probable que tengamos en mente el concepto de paz estática, sin contrariedades, sin conflictos y sin problemas, el mundo nos lleva a aspirar una paz marcada por la ausencia de contratiempos, basada en la pseudo seguridad material y personal, pero no olvidemos que “cada día trae su propio afán” (Lc. 12, 34), por tanto, esa paz inmóvil no existe, la paz que da Jesús es una paz en movimiento, es dinámica y nos invita a actuar asumiendo nuestro rol en la solución de las dificultades que surgen en nuestra vida diariamente, asumiendo nuestra cruz como la cargó Jesús, pobre y humilde, rechazado y crucificado, para manifestarse vencedor de la muerte y resucitado.  Pensemos por un momento como sería el espacio en el que habitamos si aplicáramos una sola de las enseñanzas de Jesús a sus discípulos: “Amen a sus enemigos, bendigan a quienes le maldicen, hagan bien a los que le aborrecen, y oren por los que le ultrajan y le persiguen” (Mateo 5:44).

Este tiempo diferente que estamos viviendo nos puede llevar a perder la paz, tantos pensamientos nos asaltan hoy, tantas incertidumbres dan vueltas en nuestras mentes: ¿cómo será volver a la nueva normalidad? ¿cómo haremos frente a los compromisos contraídos? ¿tendremos fuente de ingresos al final de esta etapa? ¿cómo gestionaremos la salud? ¿cómo funcionará el sistema educativo? ¿de qué o para qué me servirá todo lo que me he afanado hasta aquí? Muchas veces hemos escuchado decir que, si acumulamos riquezas y poder tendremos el futuro asegurado y la anhelada paz, pero en los meses transcurridos de este año 2020 esa afirmación ha perdido sentido, y todo aquel que había fundamentado su paz en riquezas y poder, hoy solo posee incertidumbre y temor porque el futuro es totalmente incierto y desconocido.

¿De qué modo puedo recuperar la paz?

Hoy más que nunca necesitamos unirnos al Señor Jesús que está vivo y resucitado y si en algún momento la duda, el miedo y la incertidumbre se han colado en nuestro corazón, es tiempo de echarle fuera y llenarnos de la paz gratuita que nos regala Cristo Jesús.   Solo la mano del Resucitado puede conducirnos por caminos de paz y tranquilidad, sostenidos por la confianza en Él que es fiel y nos ha dicho “No temáis. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).  

Todos anhelamos paz, pero el mundo ve la paz como la interrupción de las hostilidades y desconoce que la paz es un estado de la existencia de aquel que ha puesto sus ojos en Dios, luz inefable y faro constante para el mundo, la paz es el estado de aquel que ha aceptado a Jesús como Camino, Verdad y Vida.  Pidamos al Príncipe de Paz que nos de Su paz.

Señor haz que sienta en mi corazón la seguridad de tu presencia y que confiado me abandone en tus brazos para vivir en paz.

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