Contemplar el Pesebre

Es Navidad y en muchos hogares, plazas y templos encontramos la representación del pesebre o nacimiento de Jesús. Hoy, frente al nacimiento colocado en la casa, he dedicado un tiempo a contemplar la escena de la llegada del Dios Bebé, ver los detalles y las figuras que acostumbramos a colocar, cierro los ojos y de tantas veces que he visto la representación, de memoria puedo recrear la escena en mi mente.  Recuerdo cuando mis hijos y sobrinos eran pequeños, que antes de pasar a compartir la cena de Nochebuena, cantábamos villancicos y reconstruíamos la escena guiados por la lectura del Evangelio de Lucas 2, 1-20.

En la Segunda Semana de los Ejercicios Espirituales (EE), San Ignacio nos pone ante la contemplación del nacimiento de Jesús. Nos muestra “al Señor nacido en suma pobreza, y a cabo de tantos trabajos, de hambre, de sed, de calor y de frío, de injurias y afrentas, para morir en cruz; y todo esto por mí” (EE116).  Dios al decidir nacer no saco ningún provecho, sin embargo, nosotros si salimos beneficiados con su nacimiento, su vida y su ministerio que nos alcanzó salvación.

En la composición del lugar, observo los elementos que lo integran, pido el conocimiento interno del Señor, a quien deseo amar para poder servirle en mis hermanos. Para contemplar San Ignacio nos invita a hacernos parte de este misterio “como si presente me hallase” yo, en ese momento del nacimiento de Jesús.

Y en mi reflexión de la lectura de Lucas, veo y acompaño a María y José, tocando puertas en todas las posadas y en ningún lugar encuentran albergue.  Pudiéramos pensar que José y María fueron directos a solicitar ubicarse en un pesebre, en una cueva de Belén… a mí, como madre, me aterra pensar que me llegara el tiempo de un parto en semejantes condiciones: un lugar inapropiado, sucio, con animales y en ese momento, estando yo, dentro de la escena, me ofrezco a colaborar con José para limpiar un poco y despejar en lo posible un espacio para que ellos se ubiquen, pues María ya no puede ni moverse.  Es así como encontramos unos paños y los colocamos en el pesebre, María está preocupada por el lugar para ubicar el niño cuando llegue, pero María tiene vasta experiencia en echar el temor fuera de su corazón a través de su confianza en Dios.

El niño Dios ha nacido y es colocado por su Madre entre los paños colocados en el lugar de comedero de los animales, el burro y el buey observan en calma que su lugar de alimentación ha sido ocupado por el Rey del Universo y pareciera que lo saben, pues se postran ante Él.  

El ángel del Señor anunció a Los pastores la Buena Noticia del nacimiento del Salvador y le dio como señal que “encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.  Ellos diligentes llegan a Belén a ver lo sucedido y que el Señor les había anunciado, cuentan lo anunciado por el ángel y todos se maravillan, yo también me maravillo con ellos al ver que el anuncio del ángel se cumple cada día en mi vida, ese Niño en el pesebre es mi Salvador.

De momento veo a María y a José como miran al recién nacido con tanto amor y me pregunto que están pensando, se por el Evangelio que María “guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”, yo siento su gran fe y confianza en Dios que les había anunciado “será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre”, esas promesas contrarrestan con el escenario de pobreza y humildad de Belén, pero “ninguna cosa es imposible para Dios”.

En mi contemplación del Evangelio de Lucas no están los Reyes Magos, pues es Mateo 2, 1-12 quien nos cuenta que días después ellos siguiendo la estrella llegaron desde tierras lejanas hasta Belén para adorar al Niño Dios.

En mi mirada a todos los personajes y elementos de la representación del nacimiento me postro ante ti Señor y al igual que cada uno dio lo que tenía:

  • María a través del “Hágase” se abandonó a disposición de Dios.
  • José al recibir a María acogió el plan de Dios.
  • El pesebre te acoge entre pajas y pañales.
  • El burro y el buey entregan con calma, su calor.
  • El Ángel, mensajero de Dios y de sus designios anuncia la salvación.
  • Los pastores entregaron al niño su fe llana y humilde.
  • Los Reyes Magos regalan lo que tenían y me enseñan la perseverancia en las dificultades hasta encontrarme con Dios y poner a sus pies todo lo que tengo y soy por su gracia.
  • La estrella me lleva a pensar en Jesús que ilumina mi camino, que es mi referente y guía.

Jesús te contemplo frágil, pobre, desprovisto de lo más elemental, te veo niño y me conmueves, me llenas de ternura.  Alabo y bendigo cada una de las contradicciones de tu vida, naces en un pesebre y sin embargo te llevan de regalo oro, incienso y mirra, que anuncian tu vida y muerte en la cruz para que yo tenga vida y vida abundante.

¡Feliz Navidad!

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