Compensación Laboral: más que un sueldo

Ha sido tema de múltiples discusiones la valoración definitiva que podrían dar los empleados a la retribución económica en el trabajo, colocando a veces, el salario como el elemento determinante en la permanencia del colaborador en la organización.

En este asunto sostengo que el salario que se percibe es un beneficio de muy corto plazo, aunque estamos claros que trabajamos porque necesitamos percibir ingresos y que la compensación debe ser proporcionar al desempeño de nuestras funciones, también reconocemos que el dinero no siempre es el único recurso para motivar y retener a los mejores colaboradores.

Los colaboradores hoy en día, sean millennials o no, valoran condiciones laborales de carácter no económico que contribuyan a mejorar la calidad de vida de ellos y sus familias, que tengan como finalidad satisfacer necesidades personales, profesionales y familiares.

Esta reflexión nos lleva al concepto de Salario Emocional que contempla “todas aquellas razones no monetarias por las que la gente trabaja contenta, lo cual es un elemento clave para que las personas se sientan a gusto, comprometidas y bien alineadas en sus respectivos trabajos” (Temple, 2007). Por otro lado, el salario emocional implica dar “la oportunidad para que las personas de todo nivel se sientan inspiradas, escuchadas, consideradas y valoradas como parte de equipos; de los cuales se sienten orgullosos de pertenecer, de crecer, desarrollarse y ser cada vez más empleables” (Temple, 2007).

Este tipo de retribución puede actuar como “elemento motivador” de los empleados y así mejorar la opinión que los colaboradores tienen de la organización. Por lo tanto, no se trata de recibir una mayor cantidad de dinero, sino de recibir prestaciones que el trabajador entiende como beneficios más valiosos que un aumento de sueldo.

Entre estos beneficios que integran el salario emocional están:

  • buen ambiente laboral
  • oportunidades de crecimiento dentro de la organización
  • desarrollo personal y profesional
  • cultura y valores de la empresa alineados con los del colaborador
  • compatibilidad de la vida laboral y familiar
  • horarios flexibles
  • actividades de recreación y esparcimiento.

A través del diseño de políticas de Gestión Humana que incluyan la retribución emocional, las organizaciones podrían controlar el índice de rotación del personal, reducir los gastos de selección y capacitación de personal, disminuir los niveles de ausentismo y obtener empleados satisfechos que aumenten el índice de productividad y competitividad.

Un sueldo puede ser mejorado por la competencia pero el salario emocional es el que hace la diferencia y nos lleva a tener colaboradores leales a la organización.  Uno de los grandes desafíos de las empresas es lograr el compromiso de su gente e identificar que motiva realmente a cada uno de sus colaboradores.

 

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